bienvenido a mi casa

miércoles, 30 de abril de 2008



Cuando vienes a mi casa
se iluminan sus ventanas
rayos de tu sol la penetran
empapan la tristeza
vivifican a las cosas
los libros bailan caótico vals
las flores marchitas adquieren esperanzadas tonalidades,
sobre la chimenea
rostros sepias me miran con ojos risueños
y en la cocina
cacharros relucientes hartos de no trabajar
forman una orquesta de mágica percusión
cuando vienes a mi casa
mis vecinos no se quejan
y se unen en un coro de risas desafinadas,
las paredes cambian de color a tu paso
las desportilladas baldosas del suelo no gimen
y forman un cielo estrellado de motas de polvo
que tililean impacientes
esperando tu límpida mirada
cuando vienes a mi casa
mi Alma calla
porque en esa algarabía
es la única manera
de darte la bienvenida

© 2007 Alma

chateando con polvete tropical


Esto de los espacios de windows me gusta cada vez más. Estoy acostumbrada a tener poco amigos, diciendo siempre “pocos pero buenos” que es lo que dicen siempre los que carecen de una abundante pléyade de amistades. Pero en los espacios, el círculo de los que quieren ser mis amigos crece y crece exponencialmente. Si yo fuera una desconfiada, creería que todas estas invitaciones de gente que no se quien es, que no he visto nunca, que ni siquiera se ha presentado, son meras compras de complicidades como si fueran votos en una campaña electoral en la que el premio fuera “oscar al mayor recaudador de amigos”. Pero como no lo soy (desconfiada), pienso que esos deseos de amistad, son por mi estupenda manera de escribir, mi hermosísima voz, mis comentarios. Olé y olé, he triunfado en este mundo del blog, todos me quieren, me adoran, quieren que vaya a sus múltiples eventos y que comparta con ellos novedades y cotilleos. Esto hace crecer el ego de cualquiera, aunque he de reconocer que a mi ego no le hace falta crecer más, se le quedaría el mundo bloguero pequeño de lo que ha engordado con tantas muestras de afecto.

Pero lo que más me encanta de este mundo son los mensajes que me llegan para ponerse en contacto conmigo. Habrán visto la foto de mi perfil, mi esplendorosa cabellera pelirroja, mi blanca piel, mi insultante juventud y desean ser de todas todas mis amigos. Los hay que me han escrito mas de diez veces y ante tanta insistencia casi estoy dispuesta a prescindir de mi proverbial reticencia a decir no para mantener saneada mi agenda de contactos y no liarme con tanta cita. Eso si, a “polvete tropical”, el más insistente de todos, fijo que le escribo. Si yo fuera una desconfiada, que no lo soy, diría que el tal polvete es un gancho para entrar en una de esas redes de contactos tan habituales en internet. Pero no, se que polvete me aprecia, aunque no me conoce y lo único que desea es entablar una bonita amistad. Si fuera una mal pensada, que no lo soy, diría, dado su nombre, que lo único que quiere es follar, pero que lo diga ya de una vez, que hubiera empezado por ahí y no habriamos llegado a este punto, hubiera aceptado su invitación el primer día y listos. Harta estoy de tanta zarandaja literaria y tontería poética, pasemos a chatear con polvete tropical.




© 2008 Alma

oda a Ada

Era hija de un poeta y de una mujer interesada por la ciencia. Vivió en una época en que ser mujer, poeta y científica, era un disparate inconcebible. Tenía imaginación procedente de un padre que la abandonó en busca de lo no encontrable y curiosidad proveniente de una madre que despechada le insufló amor por las matemáticas para no encontrar en su alma vestigios de la romántica debilidad de quien se fue.

Se casó y tuvo tres hijos con absoluta convicción.

Acudía a cenas donde conoció a todo tipo de gente. Se encontró a un loco que hablaba de una máquina calculadora que llamaba motor analítico y le creyó, tradujo su utopía y se atrevió a hacer anotaciones en esa traducción. Incluso se atrevió, que osadía, a construir un programa para aquella máquina que usaba tarjetas, un programa para el calculo numérico.

Ella no sabía que había ayudado a crear una primigenia computadora antecesora de lo que hoy estoy utilizando para escribir y lo que estáis utilizando para leerme. Quizás sin ella todo esto no hubiera sido posible. Ella era Ada Byron condesa de Lovelace. Una historia extraordinaria para una mujer extraordinaria, la primera programadora de la historia, la que usó las matemáticas para desarrollar su portentosa imaginación.

Quizás esto no sea una historia cotidiana, me hubiera gustado que lo fuera.



© 2008 Alma

de casualidades y Jane Austen

Hoy a la 15:32 horas he comprado un libro, “El hombre que amó a Jean Austen” de Sally Smith O'Rourke en la Casa del Libro. Sabía que lo tenían porque lo había visto en su web y como conozco la tienda, me he dirigido directamente a la sección de autores extranjeros por orden alfabético. Al salir y dirigirme a comer algo rápido antes de volver al trabajo me he preguntado, ¿por qué he elegido este libro y no cualquier otro?. No es este el tipo de novelas que suelo leer, a priori parece una tontería romanticona no apta para mis gustos, y solo que hubiera rebuscado por la librería un segundo, seguro que algo me hubiera llamado la atención, pero he comprado ese en concreto y la historia cotidiana que responde a esta pregunta empezó hace ya algún tiempo, allá por el año 1979.

Una serie de la BBC en la por entonces casi única cadena de televisión, su título “Orgullo y prejuicio”. Recuerdo con claridad meridiana algunas de sus escenas, recuerdo sobre todo al actor que interpretaba a Mr. Darcy, no recuerdo su nombre. Por aquel entonces no había leído a Jane Austen, pero me prometí a mi misma hacerlo pronto. Pero otras historias cotidianas de estudio y trabajo me apartaron durante un tiempo, un muy largo tiempo, del Sr. Darcy y de Elizabeth.

Pero existen causas ajenas a mí pero que me afectan, casualidades producidas por el mundo tecnológico en él que nos movemos, y por una de esas casualidades, allá por el año 1995, vi una serie de la BBC en una de las múltiples cadenas de televisión existentes, su título “Orgullo y prejuicio”. Y desde ese momento no hay otro Mr. Darcy para mi que Colin Firth, pero lo vuelvo a abandonar por otras cotidianidades mas perentorias. Y llegó la banda ancha y con ella y por pura casualidad, buscando no se qué, descubro con agrado que formo parte de un mundo ya creado, con sus reglas y sus foros, y que hay algunas páginas dedicadas con una delicada belleza a todo lo relacionado con Jane Austen. A su vida y a sus libros, a las películas basadas en ellos, las series, las secuelas, los dibujos. Descubro que hay gente que ha continuado las novelas allá donde ella las dejó, o que ha descrito la vida de personajes de menor relevancia imaginando como podría haber sido su vida. Veo que se ha puesto la serie a la venta y allá que me voy a comprarla porque quiero poseerla para siempre y revistarla cuando mi sentimiento me lo pida.

De cuando en cuando busco las novedades y en estos últimos días me froto las manos porque hay tres nuevas series que esta vez he de bajarme en versión original y buscarme unos subtítulos porque mi inglés es tarzanesco, y libros y más libros, y entre ellos uno en castellano que podré leer, y por eso, hoy, a las 15:32 horas he comprado “El hombre que amó a Jane Austen” y me dispongo a leerlo con anticipado placer.



ULTRA RECOMENDACIÓN
Ver la serie de la BBC de 1995 dirigida por Simon Langton y protagonizada por Jennifer Ehle y Colin Firth
IMPRESCINDIBLE PARA TODOS/TODAS

© 2008 Alma

la ecuación de tu alma

"Es más importante que una ecuación sea hermosa que el que encaje con la experimentación" – Paul Dirac




He intentado resolver tu incógnita
conocer tus parámetros
descifrarte
pero no he podido
el enunciado de tu alma es sencillo
pero las variables que te envuelven
me impiden pensar
veo la suave concavidad de tus orejas
el ángulo recto de tu cuello
la hipérbole de tu sonrisa
la intensidad lumínica de tu piel
el suave rozamiento de tu pelo
en la esplendida curvatura de tu nuca
y mi mente se bloquea
la ecuación de tu alma
es para mi, irresoluble



© 2008 Alma

el alma preñada

Mi Alma ayer

salió

y se preñó

de cantares y pesares

de quereres y poderes

de sabores y saberes.

Mi Alma ayer

salió

y se preñó

del rojo de tu pasión

del verde de mi esperanza

del arco iris.

Mi Alma ayer

salió

y se preñó

de distancias y de olvidos

de recuerdos y aleluyas

de memorias y poesía.

Mi Alma ayer

salió

y se preñó

de palabras y de voces

de misterios y verdades

de primaveras y otoños.

Mi Alma ayer

salió

y se preñó

de todo

y parirá sin dolor

otra Alma, mi Alma

mas sabia,

mejor.



© 2006 Alma

estoy enfadada con Soraya

Siete de la tarde, salgo de trabajar y subo al autobús. Como la parada es la primera de la línea, nos esperamos un poco para salir, aunque no demasiado. Puedo sentarme, no hay mucha gente. Mientras espero leo "El enigma de París" de Pablo de Santis. "Intuir es recordar; por eso la experiencia es la maestra de la intuición; ésta no es sino una forma especializada del recuerdo".

Detrás se sientan dos mujeres, madre e hija, no lo supongo, hablan entre ellas y aparece varias veces la palabra mamá. Me congratula comprobar que no hablan muy alto, bajan educadamente la voz y se cuentan sus cosas. Al ratito suena un móvil con uno de esos espantosos timbres que se anuncian machaconamente. Y se acabó la cortesía.

La hija que hasta el momento hablaba de forma tranquila, empieza a hacerlo casi gritando. En un momento le dice a su invisible interlocutor “estoy enfadada con Soraya” y con esa gran variedad de expresiones que existen en el mundo actual, repite la frase varias veces, “estoy enfadada con Soraya”. Pobre Soraya, sea quien sea. Todos los viajeros la compadecemos.

Se oye un murmullo de satisfacción y de descanso cuando las dos bajan del autobús. Nos miramos los pasajeros que quedamos con sonrisa cómplice. Ha repetido tantas veces la frase y en voz tan alta, que hemos acabado todos enfadados con Soraya, sin saber quien es y sin saber porque.




© 2008 Alma

exhibiendo el alma

Hoy mi Alma

da un paseo por la vida

y para la ocasión

quiero engalanarla

como se merece.

En las mejillas

le pondré

rubor de inocencia,

en los labios

carmín de sonrisas,

en los ojos

le pondré el mar,

en las orejas

zarcillos tintineantes

al compás del aire,

en su pelo

peinetas que sujeten rebeldías,

en las manos

tres anillos

tres deseos que cumplir,

llevará

un vestido vaporoso

de seda verde irisada

que bailará con el viento,

y por si hace frío

una capa de piel de naranja

oliendo a azahar,

y unos botines

con botones

que no aprieten

el corazón.

Que hermosa estará mi Alma,

que hermosa se sentirá.

Hoy voy a exhibir mi Alma

y tu lo verás




© 2006 Alma

la memoria en las manos





Hoy son las manos la memoria.
El alma no se acuerda, está dolida
de tanto recordar. Pero en las manos
queda el recuerdo de lo que han tenido
.


Pedro Salinas

manos-yara dutra



Miro mis manos
veo hojas de tomillo
que cogieron de un jardín
que no recuerdo
pero recuerdo su aroma
rozando mi piel
miro mis manos
veo la piedra estriada
que cogieron de una playa
que no recuerdo
pero recuerdo el tacto
de la suave arena
en la que mis manos
dibujaron un nombre
que no recuerdo
pero recuerdo el tacto
de la suave piel
miro mis manos
veo letras subrayadas
escenas de un libro
que no recuerdo
pero recuerdo la fulgencia
de un color resplandeciente
en la blancura del rugoso papel
y lo que en él decía
hoy son las manos la memoria





© 2008 Alma

poemas prestados por el cartógrafo


ahora Raúl en el Alma Difusa




© 2008 El cartógrafo y Alma

poemas prestados por Juan43




rutina

a quién más amé

toma la llave


© 2008 Juan43 y Alma

jugando con las nubes

Esta mañana hay nubes en el cielo, nubes alargadas que se mueven indolentemente al compás del suave sonido de un viento alegre y frágil. Me siento ligera como esas nubes y como ellas me dejo llevar por la brisa. Y con la brisa llegan recuerdos, aromas de infancia y de juegos. Y Esteve....

Esteve, "el coixet" era diferente porque arrastraba ostensiblemente una pierna. Nunca le preguntamos porque cojeaba y él nunca lo mencionó. A pesar o quizás por esa carencia su mirada al cielo era portensosa, exultantemente portentosa.

Él no veía nubes, miraba al horizonte celeste y contemplaba escenas cotidianas, historias vívidas y nos impelía a jugar con él al juego de imaginar, pero nosotros, pobres niños que lo teníamos todo, solo veíamos corderitos blancos de blanca lana quizás pastando en un blanco campo de blanca hierba, pero Esteve tejía una red con hermosas doncellas rescatadas por caballerosos guerreros montados en su corcel, castillos de almenas imposibles, dragones vomitando fuego, Robin Hood en su bosque robando a los ricos, y más y más y más....Estuvo poco tiempo con nosotros, no llegó a un año y no supimos más de él, pero nos dejó el mágico juego de ver lo invisible.

Esta mañana hay nubes en el cielo y al mirarlas hoy, le veo a él, Esteve "el coixet", me sonrie y le lanzo un beso.



© 2007 Alma

esperando el autobus





Aún es de noche, asoma el sol rojizo que pronto fichará su entrada en el día.

Me acompañan, dos, no, tres almas madrugadoras que ficharán también su entrada sin tanto esplendor.

Nos miramos, nos conocemos sin saber quienes somos, nos deseamos buenos días con educación.


Nuestra mirada busca incesamente si el autobús viene y fijamos nuestros ojos compulsivamente en un reloj que marca la hora en la que deberíamos estar soñando.



Dos mujeres parlotean vivamente, se que se dirigen a la empresa de limpieza que las ha contratado con un contrato basura que no podrán echar al contenedor. Se ríen fuertemente, y su voz golpea mi aun dormido cerebro que estalla. ¿Como puede dolerme que alguien celebre estar vivo?. Mañana, prometo descansar mejor.


Un chico joven recibe una llamada en su móvil, no entiendo lo que dice, parece ucraniano por la textura de sus palabras, habla rápido y parece enfadado. Me siento culpable por sentir curiosidad. No imagino con quien habla porque hoy mi mente esta apagada. Pienso que quizás algún día le pregunte algo, aunque se que no lo haré.


En cuanto llegue al trabajo me tomaré mi dosis de café, espero que hoy le siente bien a mi castigado estómago.


Veo en la curva el autobús, el numero 28 iluminado en su frente. Busco rápidamente mi bonobús, no lo encuentro en el revoltijo de un bolso repleto de cosas inútiles y necesarias. Mascullo algún improperio contra mi misma por no haberlo buscado antes y comprobar como el conductor me mira con ojos resignados. Me siento y para no dormirme, me coloco mis auriculares y escucho las noticias. Quiero escuchar las noticias....


Como era de esperar, se ha acabado la bateria del mp3. Pero el día no va a poder conmigo, cojo el libro que empecé ayer "El cerebro de Kennedy" y leo: "El desastre llegó en otoño y le sobrevino sin previo aviso. No dejaba rastros y se movía en total silencio. Ella nunca llegó a sospechar qué estaba sucediendo".

Me encanta Henning Mankell, pero no recordaba que leer en el autobus me marea. Suspiro.


Empieza el día, un nuevo día. ¿Qué nos deparará?





© 2007 Alma

en la sala de espera

Hoy toca mamografía, como cada dos años porque afortunadamente todo va bien. Soy de las primeras y me siento en un desvencijado banco de plástico hace años de color blanco, con arañazos de tiempo y suciedades tan añejas que no se pueden eliminar. Hoy no llevo un libro como siempre para aliviar la espera, se me ha olvidado, pero como es pronto, salgo y compro el periódico y de paso me tomo un café, menos mal que no hay que ir en ayunas. Poco a poco, la sala se va llenando de mujeres, de esa edad madura en la que se prevé que la enfermedad puede alcanzarnos, hay alguna chica joven y me preocupo, si esta allí es mala señal.

Conozco a la mayoría de vista, nos citan por vecindad y todas las caras me suenan, a la mayoría no puedo ponerle nombre pero las saludo porque nos reconocemos de la vida cotidiana. Una es la dueña del quiosco donde compro la prensa los domingos y con la que a veces comento nimiedades, nos saludamos pero no entablamos conversación.

Me llaman, me dicen que me desnude de cintura para arriba y que entre en un pequeño cubículo en el que dejar la ropa y esperar que digan mi nombre, entro en la sala de maquinas, donde me aprietan y aprietan, pero aguanto bien, estoy tranquila porque hasta ahora no he tenido ningún problema y no tiene porque ser distinto. Salgo, vuelvo a sentarme y espero que me digan que las placas han salido bien. Es ese ratito quizás el más desesperante. A la vecina de mi rellano le dicen que se las tiene que volver a hacer, ya ha tenido algún problema, parece que no demasiado serio, pero la veo preocupada e intento consolarla con palabras manoseadas, que seguro no le consuelan nada. Cuando me nombran y puedo irme, miro a las demás que siguen esperando, esperando a la vida, ojala nos llegue a todas.



© 2008 Alma

tarareando


Voy a escuchar una nueva canción de Rosario Bléfari. No es de su último disco, pero he descubierto hace poco a esta cantante argentina y me gusta lo que hace. Pongo en marcha el player. Primero y sin querer, entra en mis oídos la melodía. No importa que la letra sea espectacular, si no puedo tararear la música, la canción no me interesa, ya la leeré en su momento como si de un poema se tratase, pero no la cantaré.

Esta me va entrando, la letra es sencilla si, y que?, ya escucho la voz, es clara y rotunda. Suena bien. Y dice:

Que no termine nunca esta cuadra, esta noche, este aire / Que no se acaben los días, que nunca esté completa la felicidad / Que no termine nunca este cielo, este instante en tus brazos / No sé ya lo que digo, se vuela mi vestido, no será una casualidad.

Parece una mujer fuerte, dura incluso, y sin embargo su canción es de una dulzura increíble, del reconocimiento de estar enamorada, lo demás no importa. Quizás no comparto del todo lo que dice, lo de nunca o lo de siempre en el amor no me convence, pero si puedo llegar a ver su determinación y comprenderla.

Sigo escuchando otra canción:

Decimelo otra vez, no entendí nada / Me distraen, sin remedio, tus labios que se abren y se cierran, y se abren y no hay nada más.

No hay nada más, solo unos labios por los que se olvida todo. Contundente. Solo resta dejarse llevar por la música y cantar. Que bien se esta destripando canciones. Tarareando.



© 2008 Alma

salida de emergencia













Dije: “Te quiero”.

Bastó mirar tus ojos para saber que contemplábamos el mismo mar, pero dijiste “no”.

Tienes una salida de emergencia por corazón.



© 2008 Alma

la guerra de los carritos

-

Hoy toca super. No me gusta ir un sábado por la mañana porque siempre hay demasiada gente. Pero trabajo obliga y aquí estoy, en hora punta. Como era de esperar no tengo monedas para el carrito, me acerco a la máquina de cambio que se anuncia educadamente. En la mayoría de comercios que rodean al super han colgado el cartel: ”no damos cambio, hay máquina”, deben estar hartos de nosotros, los aguerridos compradores que se olvidan en casa las monedas, pero eso es lo que hay.

Y digo bien lo de aguerridos porque pasada la entrada empieza una lucha entre carros que ríase usted de Ben Hur. Por no se que extraña e invisible razón que guía el espíritu de los carritos, éstos están siempre en tu línea de paso. El local es grande y hay sitio, pero no, los vehículos se colocan estratégicamente para impedirte el paso y debes esquivarlos como si fueran minas personales. ¿Tienen vida propia? o ¿es la mano de sus provisionales dueños quien los ha dejado allí a propósito para dificultar nuestro avance?

Sorteamos las minas pero hay que estar pendiente de los misiles, los encantadores y maravillosos niños corriendo alegremente y tropezando con todos. Y sus encantadores y maravillosos padres dejándoles ejercer sus movimientos libremente como manda el libro de derechos humanos de los niños. Propongo el manifiesto de derechos humanos del portador de carrito y que sea de obligado cumplimiento.

La guerra sigue, ahora viene lo de no ver marcado el precio en el producto que te interesa, solo en ese, lo de luchar en las colas para que no se cuele el listo de turno, lo de rezar para que te corresponda la cajera rápida, la de recordar donde aparcaste el coche, etc. etc. etc.

A todo esto he de confesar que me gusta comprar en el super. No aprendo.

1.- A sugerencia de Äfrica, derecho a que las ruedecitas del carro funcionen siempre correctamente. No a la tortura de los carros que van donde quieren
2.- A sugerencia de Juanjo, derecho a un volante con dirección asistida. Basta ya de esos obligados movimientos de caderas que pueden lesionarnos.
3.- A sugerencia de Luz, obligación de coger siempre un carrito para comprar. Nunca se sabe si hará falta.
4.- A sugerencia del funambulista, precaución con las rampas para carritos. Las carga el diablo
5.- A sugerencia de Ana, carritos con tarjeta. Fuera ya de molestas monedas que solo hacen que romperte el monedero.
6.- A sugerencia de Sotto Voce, ojo con los carritos abandonados. El último que he visto estaba encima de un árbol, palabrita de Alma.
7.- A sugerencia de Juan43, carritos automáticos. Nada de tonterias, carritos robotizados con GPS.




© 2008 Alma

¿bailas?

¿bailas?






Otra noche de soledad en aquella enorme sala de baile llena de gente.

Él se acercó lentamente. ¿Bailas?.

Siempre digo no pero al mirar sus implorantes ojos no pude resistirme.

Bailo.

Y empezó la liturgia del bolero.

Primer movimiento, suave roce en la piel.

Segundo movimiento, cristalino ámbar en los muslos.

Tercer movimiento, lujuria de fuego en el vientre.

Y tras la pausa, la caliente humedad del sexo.

Volveré mañana, seguro, quiero que alguien me diga ¿bailas?

y bailar toda la noche.




© 2008 Alma

poemas prestados por Äfrica




© 2008 Äfrica y Alma

poemas robados

me basta de Ángel González
oda a la alegría de Pablo Neruda
hay que buscarlo de Oliverio Girondo
momentos felices de Gabriel Celaya
oda al libro de Pablo Neruda
amuletos de David Pérez
la reina de Pablo Neruda
tirar la piedra y no esconder el alma de Jose Angel Garcia Fernandez
táctica y estrategia de Mario Benedetti
arco iris de Mario Benedetti


© 2008 Alma

poemas prestados por Aarón



© 2008 Aarón y Alma

poemas prestados por Lídia




© 2008 Lídia y Alma

poema regalado por Juanjo




© 2008 Juanjo y Alma

pergeñando contraseñas

Llego al trabajo. Es temprano pero me encuentro despejada, he tomado mi café y me dispongo a empezar la jornada.

Lo primero, encender el ordenador, tarda un ratito en cargarse pero al fin sale la pantallita donde he de poner la contraseña, una de las tantas que utilizo.

El primer aviso, “su contraseña caducará en 15 días, ¿quiere cambiarla?”, le digo que no, porque a los tres meses vuelve a caducar y no quiero pasarme el tiempo inventando contraseñas. Pero por motivos informáticos desconocidos, el aparato se cuelga y hay que volverlo a encender.

Vuelve la preguntita de marras, ¿quiere cambiar su contraseña?, harta de que me pregunte, esta vez le digo que si, y obedientemente le indico mi vieja contraseña, que afortunadamente recuerdo y pienso en otra como sustituta.

primera intentona: la contraseña no es válida porque ya ha sido utilizada con anterioridad

segunda intentona: la contraseña no es válida porque no difiere en mas de tres caracteres de la contraseña anterior

tercera intentona: “la contraseña no es válida porque es obligatorio introducir un dígito numérico

a la cuarta y ya cansada, tecleo tupadre1” y como no han debido pensar en un programita de censura para tacos varios, cosa extraña, me la acepta, pero como era de esperar se me olvida anotarla.

Sigo trabajando, pero a la vuelta de mi almuerzo, el ordenador se ha puesto en modo descanso y he de reiniciar, naturalmente me pide la contraseña y dada la absoluta ausencia de memoria, lo intento con “veteacagar1”, “pasodeti1” y “queteden1”, pero al tercer intento el aparato se bloquea y he de llamar al servicio técnico.

Casi se acaba la jornada de mañana. ¿A que mente tan preclara se le habrá ocurrido lo de las contraseñas?

MORALEJA, no tengo tiempo de más, mi trabajo se ha convertido en pergeñar contraseñas.







© 2007 Alma

en la cola del cine



Son las diez en punto. He llegado pronto y en la cola hay poca gente. Cinco personas delante de mi, aunque parece que cuatro van en un grupo. Discuten que película van a ver. Les miro impaciente. Podrían haber decidido antes. Elegir que película ver es un acto que requiere su liturgia.

Les escucho, no tengo mas remedio, parece que lleven un megáfono en la boca. Cuando casi estoy a punto de darles mi opinión se deciden por fin. El orfanato”. Dicen haber escuchado la enorme propaganda que se le ha hecho en televisión y que parece interesante, creen que les entretendrá. ¿Por qué no?. Es un un buen motivo para ir al cine. Entretenimiento.

Ya casi me toca, delante hay un chico joven, muy joven, lleva el carnet en la mano, hará uso de su descuento y hará bien. El cine sigue siendo caro para alguien que no dispone o dispone de poco. Tiene claro, muy claro lo que va a ver. “La jungla de cristal v4.0”, no le alabo el gusto, pero le alabo su determinación. Tiene cara de listo, me gusta su cara, hasta ese flequillo que le cubre un ojo que al reflejo de la luz artificial parece violeta. Se lo pasará bien.

Llega mi turno, la taquillera es una chica también muy joven, casi adolescente, trabajo de fin de semana, seguro, bosteza sin disimulo y me pregunta. Le doy un billete de veinte euros y canto en voz alta mi decisión “Sin reservas”. Pero no me oye bien, lleva un pinganillo para hablar con no se quien, pero ni oye a ese alguien ni a mi. Se lo repito arrastrando las palabras. Me da la entrada, el cambio y me sella el cartón para el parking. Sé que la película será un pastel, pero voy con mi madre y ha elegido ella, y me parece bien que lo haga y que tenga claro lo que quiere ver. Recuerdo la película alemana en la que esta historia romántica se basa, "Deliciosa Martha", una película agradable, y eso ahora ya es decir mucho. Tengo presente de que el solo hecho de ir al cine con mi madre es ya de por si un acontecimiento feliz y pienso disfrutarlo.

Entramos en la sala, una de tantas, es un multicine, aunque acogedor y agradable, algo raro. Podemos elegir butaca, no es numerada, nos colocamos en la parte trasera, me gusta no estar cerca y llevo puestas mis gafas de miope, lo veremos bien. Cuando se apaga la luz, ruego para que no se siente cerca alguien de los que suele hablar y comentar la película y que no te deja escuchar nada.

Me siento tan bien......compruebo que mi madre esté cómoda...........y

Preparados, listos, ya. Empieza el espectáculo.



© 2007 Alma

memoria histórica cotidiana

Un día cualquiera, de un año cualquiera de la década de los cuarenta, ella (mi madre) se levanta todas las mañanas antes de las seis para ir al trabajo. Tiene doce años y dobla bolsas de papel, una tras otra, es fácil para ella, lleva haciéndolo desde los nueve. Bajo sus pies, un taburete para que pueda alcanzar el mostrador donde van pasando las bolsas, una tras otra.

Después de unas horas y junto a otras niñas va a otra fábrica donde harán lona para los zapatos de los soldados. Recorren un camino largo, inhóspito y eternamente nevado. Son cuatro niñas, cuatro rosas, de las que nadie ha contado su historia. Sus manos, sus pequeñas manos, cogen enormes bobinas de hilo, una tras otra, encima de un taburete.

Al llegar a casa, una madre (mi abuela) que aún no está, ha salido antes de las cinco a vendimiar, o a recoger leña, o a segar trigo, un trabajo tras otro, antes de ir a una fábrica de papel de fumar, donde rellena sobres, uno tras otro.

Un padre (mi abuelo), que no está, encerrado en una lejana cárcel por ayuda a la rebelión, se rebeló jugando a las cartas con sus amigos en el casino en horas equivocadas.

Corren rumores de que habrá un indulto para los que no cometieron delitos de sangre. Una pequeña esperanza para un enorme corazón. Tres hermanos mas pequeños que vuelven de un colegio que ella no conocerá y que quieren comer y ser mimados. Ser niños.

Ella piensa que tiene suerte, el padre de Carmen se ha perdido en alguna fosa común y la madre de María murió enferma de guerra.

Asa pieles de patata en la chimenea y las saborea soñando un futuro.

Al día siguiente se levantará antes de las seis e irá a la fábrica a doblar bolsas de papel, una tras otra. Cogerá bobinas de hilo, una tras otra. Y aún así sonreirá a la vida.

Esta es una historia cotidiana y este monólogo es mi ley de la memoria histórica cotidiana.

Afortunadamente, ella (mi madre) aún le sonrie a la vida.



© 2007 Alma


leyendo un libro

Son las cinco de la tarde y empieza el ritual.

Antes de sentarme, miro por el ventanal al cielo, pequeñas nubes lo surcan. Abro la ventana y una ligera brisa procedente del mar me embriaga en un primer momento, pero pronto noto su frescor y la cierro. A lo lejos veo una niña que lleva un enorme perro, tira de una correa con esfuerzo, casi no puede con él. Contemplo el lugar donde no hace más de un año todo era verde, y hoy es un lugar en construcción perpetua.

Hoy he tenido suerte, una serie de pequeñas cosas se han aliado para ofrecerme tiempo. Es hora de empezar.

Leo “Las ovejas de Glennkill”. Me lo ha regalado un querido amigo y por eso he escrito su nombre y agosto de 2007 en él. Me gusta este pequeño homenaje a su cariño y ser lo primero que vea cuando lo abro. Me detengo hoy en mis letras manuscritas y en lo que significan.

No suelo hacerlo pero ayer subrayé unas frases del libro:

-. No sabemos si los hombres tienen alma

-. Toda oveja sabe que el alma se encuentra en el sentido del olfato. Y los hombres no tienen buen olfato.

Me sonrío, pienso que quizás las ovejas tengan razón e incluso pienso en escribir algo al respecto, pero no quiero perder el hilo y lo dejo para otra ocasión.

Pronto me sumerjo en las letras, me dejo cubrir por ellas y todo lo demás se olvida. Es potente el efecto de un libro. Sigo leyendo…………..



© 2007 Alma

conversaciones con mi ascensor


Hoy en el trabajo han cambiado los ascensores. La verdad es que era necesario porque su antigüedad era mayor que la suciedad que tenían acumulada. Ahora son “inteligentes”. Probaremos a ver, les haremos un examen.

Primera prueba: se supone que si pulsas en uno, como están conectados y para ahorrar subes y bajas, solo uno se pone en marcha, y sí, es verdad, se ponen de acuerdo totalmente, ninguno quiere bajar, y todos se quedan en el octavo piso riéndose de nosotros (hasta oigo sus carcajadas)

Segunda prueba: entramos ordenadamente (ya somos seis, normal en ese tiempo de espera) y ordenadamente pulsamos cada cual su botoncito. El letrero indica que el peso máximo es de 650 kilos, pero como ahora el ascensor es inteligente (pero miope) cree que entre los seis superamos ese peso, o sea, que pesamos cada uno de media mas de cien kilos, alguien de los que me acompaña empieza a dudar de su dietista, no me extraña. Alguien tiene que bajar. Cuesta un poco decidirnos, ya llevamos mas de diez minutos de retraso entre unas cosas y otras, y no es prisa por trabajar, las cosas como son, es que fichamos nuestra entrada en nuestro ordenador y no es cuestión perder mas tiempo, al final el último en llegar acepta su destino y se baja con cara de resignación.

Tercera prueba: el ascensor tiene voz, una voz dulce, de mujer, bastante convincente, “ascensor subiendo”, y nos lo creemos, mas que nada porque el ascensor sube y la impresión es distinta de la que tenemos si baja, pero no esta de mas que nos avise, por si alguna vez no notamos el movimiento, que supongo no se notará en algún ascensor, no es el caso. Por esos motivos extraños que tienen los ascensores, sin haber pulsado nadie el botón del primer piso, se para y abre sus puertas, “planta numero uno” sigue la dulce voz por si no nos hemos dado cuenta (ahí tiene razón, porque a veces y mas a esas horas de la mañana andas algo despistado), pero precisamente a ese piso no va nadie ni sube nadie. Unos minutos más perdidos. Por fin llego a mi planta, la cuarta, me avisa con su mejor voz “planta numero cuatro”, y yo cortésmente me bajo, digo hasta luego a mis compañeros de viaje (que tardarán unos minutos , bastantes más) y un gracias al ascensor. No esta de más ser educado.

Conclusión: no se si el ascensor es inteligente, lo que si puedo decir es que tiene características humanas, es puñetero, puñetero. Por su culpa, he entrado en el edificio a las ocho, pero ficho mi entrada casi a las ocho y veinte, veinte minutos que tendré que recuperar. Podría subir a pie, pero ¿quien le hubiera hecho el examen al ascensor?

Conclusión bis: puede servirme para un sobresueldo, al fin y al cabo y según algunos, la voz de mi Alma es dulce, me presentaré al casting

Recomendación: que no tiene nada que ver, o si, ver la película "Conversaciones con mi jardinero", película de cinematográfica sencillez



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