Ayer terminó tu vida, tu productiva vida. Seis años de existencia (más que otros de tu misma especie) en los que te has dejado toquetear por mis impacientes manos e insultar cuando me asaltaban esos accesos de ira cada vez que ralentizabas tu velocidad y mis dedos superaban tu nivel de procesamiento, en esos momentos te mostrabas imperturbable, me enseñabas tu relojito de arena en pleno movimiento indicándome con ello que tuviera paciencia, pero la paciencia no es mi mejor virtud y de mi boca salían cual culebras palabras malsonantes a ti dirigidas que no re
produciré en este panegírico a ti dirigido.
Has fenecido de calor, no de golpe, sino a poquitos, acumulando en tu interior toda una vida y sin un maldito ventilador que aliviase los calores de un trabajo tan continuado. Te lleve al informático cuando descubrí los síntomas de ese acaloramiento, te apagabas constantemente como un presagio, pero él no acertó a descubrir que te ocurría o quizás no quiso darme la noticia de tu próximo óbito y optó por abrirte en canal y hacerte una limpieza para evitar calenturas tan extremas. Fíjate que en tu interior hasta encontró migas de pan de algún bocadillo que me zampé mientras leía el periódico o el blog de algún amigo en tu pantalla y ni cuenta me dí, tanta era la distracción que me producías.
Eras pequeño y sin embargo, dentro de ti, cabía un mundo. Un mundo hermoso y mi Alma, toda mi Alma.
Nota.- Lamentablemente el duelo por un portátil es proporcional a su corta existencia. A portátil muerto, portátil puesto. Este panegírico lo teclean mis dedos en un nuevo juguetito, más pequeño, más rápido, de hermosa pantalla táctil que acariciar y que me hará olvidarte, si no lo he hecho ya. El Alma es inconstante en cuestiones de cariño ….informáticas.
© 2008 Alma