Si no he escuchado esta frase mas de veinte veces estas últimas semanas, estamos en diciembre y esta nevando. No hace falta que mires por la ventana, que no, no nieva.
Y yo, carita de circunstancias, sonrisa forzada, murmurando entre dientes algo que me niego a repetir por si hay niños leyendo, que los debe haber porque estarán de vacaciones. Y si cuento lo del caos del trabajo, peor, porque nadie me cree y me tildan de presunta y miserable quejica.
Pero yo lo cuento, no sea que además de pasar las de san quintín este verano, encima no pueda desahogarme verbalmente, o manuscritamente.
Primero, sí, en verano tenemos algo menos de trabajo o mejor dicho, menos exigencias de rapidez porque nuestro amados y nunca suficientemente ponderados jefes, están de vacaciones (todos en agosto que casualidad). Menos trabajo pues, pero donde normalmente somos veinte trabajando, nos hemos quedado cuatro y medio, una de las chicas esta a punto de parir, en el término literal de la palabra, y entre el calor y el abultado vientre pues no le permitimos que haga mucho, somos pocos pero considerados. Con estos datos, no hace falta ser un Einstein para darse cuenta de que las proporciones y reparticiones de trabajo, no acaban de cuadrar.
Segundo, tenemos aire acondicionado, pero de juguete, los que pagan las facturas deben haberse ido de vacaciones, en agosto que casualidad, y el aire acondicionado no va, treinta y dos grados en el despacho. Llamas al servicio técnico y de vacaciones, en agosto que casualidad. Prohibido terminantemente encender ventiladores, pasas de todo y enciendes uno pequeñito que te traes de tu casa escondido en un enorme bolso, sobrecarga en la red y se disparan los relés que alguien desconocido vuelve a su sitio instantáneamente. Apuntado queda para próximas historias, “el misterio de los relés que se activan solos”. Y encima bronca del jefe de mantenimiento, que no se ha ido de vacaciones en agosto, que casualidad.
Tercero, sí, puedo salir cuando quiera a tomar una cervecita o un café, puedo incluso ir a ver escaparates y adentrarme en lo que pueda quedar en el mundo de las rebajas, pero fíjate, todos los bares y las tiendas cerrados, por vacaciones, en agosto que casualidad. Sólo están abiertas algunas cafeterías con licencia universal, pero como todos los afortunados que nos quedamos a trabajar en agosto, vamos a la misma, entre otras cosas porque no hay más, necesitamos pedir turno con dos horas de antelación, que ríete tu del concierto de Madonna que se nos avecina.
Cuarto y último o penúltimo, sí, cuando llegue septiembre me iré de vacaciones, cuando todos vuelvan me iré de vacaciones, sinceramente no se en que condiciones, porque aún tendré tiempo de que los que vuelven, me enseñen sus maravillosas fotos familiares, digitales eso sí, de gente absolutamente desconocida, de cuñados y primos de lo más selecto. Que ganas me dan, si aún tengo fuerzas para irme a algún sitio, de dejarme la cámara en casa y bajo llave. Aún tendré tiempo de que todos presuman de piel bronceada ante mi, ante mi, que cojo vacaciones en septiembre y lo más tarde posible porque no puedo tomar el sol.
A disfrutar pues de la maravillosa experiencia de trabajar en agosto, un caos calmo total.
© 2008 Alma