Ha llegado el frío que parecía el olvidado regalo del invierno aún por venir, el frío tiene miedo al cálido mar y nos ha estado vigilando desde la azotea del rascacielos, fotografiándonos. Guardará nuestras imágenes congeladas porque quiere ser eterno como lo serán nuestros digitales rostros. No sabe que la eternidad es sólo un acto de fe y él, en su monocroma piel, no es creyente. Cuando se acerque y venga a manchar bajo cero nuestros cuerpos, nos lo beberemos en taza con dos terrones de llanto que disolveremos lentamente, para que el frío y sus lágrimas de hielo no vuelvan a ensuciar nuestras almas. Ha llegado el frío. Iluso, cree que es eterno.© 2008 Alma



