
sujeto fuerte el remo
de esta espera
ojo avizor al horizonte
fina lluvia moja mi rostro
achico el agua con tu boca
-¡tierra!- grita mi piel
y en ella tatuado
esta un arco iris
imágen
© 2008 Alma
blog de Pepa Mas Gisbert
No suelo asomarme a las ventanas de mi casa, la falta de balcones hace que el hecho de mirar al exterior pierda su romántico encanto. Pero hoy, tras una intensa lluvia, el sol se asoma y es él el que parece asomarse a mi casa, oigo el arrullo de unas tórtolas que anidaron en los plátanos ya vacíos de hojas, decido abrir y observarlos y ahí es donde empieza mi terrorífica historia.
En la fachada, casi pegado a mi ventana, un señor enorme vestido de rojo, reptaba tranquilamente hacia los pisos superiores. Antes de cerrar precipitadamente me fijé en que su intención e
ra dirigirse a la repisa de la ventana de mis vecinos que seguro iban a llevarse un susto de muerte. Sabiendo que Miguel tiene una escopeta, iba a avisarles para que tuvieran cuidado, pero recordé que los domingos por la mañana siempre salían a alguna misteriosa actividad, y digo misteriosa porque no se cual es. Por eso, y valiente como soy, volví a mirar y vi que el susodicho estaba en la misma postura, le di un golpecito como si no fuera conmigo la cosa y como no se movió, insistí algo más. Por fin comprobé que no era real, construido con alguno de esos materiales actuales bastante inflamables, que no se como se atreven, viviendo como vivimos en tierra de petardos y de gente con ganas de usarlos. Ya puestos y a pesar del frío, miré las fachadas de las fincas de enfrente, poco habitadas porque han sido sustitutas de una hermosísima huerta desde no hace mucho. Pero aún así, vi alguno de esos hombrecillos subiendo también por otras paredes, de tamaños variados, pero eso sí, siempre con la misma indumentaria. Recordé una famosísima película, “La invasión de los hombres de rojo con barba blanca”.
Ya más tranquila, cerré la ventana porque empezaba a entrar el frío, invitado aún menos deseado que mi barbudo amigo. Pero antes de irme, abrí el saco que Papa Noel llevaba colgado en su espalda, nunca se sabe que regalo podía encontrar. Ni por esas. Si al menos llevara algo, propondría su protección, pero siendo así, no hay mas que decir: "Disparad a Papá Noel"
© 2008 Alma


Copyright © 2010 mi nombre es alma
Blogger Templates by Splashy Templates