*A Raúl, cuya entrada me dió la idea que he escrito con premeditación pero sin alevosía*
Maldito Federico, estamos en abril, en Roma, falta poco para el amanecer y la temperatura es de 9 grados. Ya esta terminada la réplica de la Fontana en Cinecittà, pero no, se ha empeñado en rodar la escena en el propio rione de Trevi. Piero ha diseñado un vestido de lo más espectacular para hacerme sentir lujuriosa y amoral, pero lo que siento es frío, mucho frío. Me envuelvo con una manta mientras tomo un café calentito junto a Walter, nos reímos del horroroso nombre que le han puesto en la película, Paparazzo, menuda estupidez. Menos mal que nadie se fija en esas cosas. A lo lejos veo como una señora mayor se baja de un Mercedes y le grita algo a Federico, el aire helado me trae algunas palabras, inmoral, escandaloso. Es curioso este país donde se conjuga la “dolce vita” con el más estricto puritanismo. Por fin me llaman para rodar la escena, espero que valga la primera toma, ayer en el ensayo, comprobé que el agua estaba congelada y que a cada paso que daba dentro de la fuente, mis pies descalzos se magullaban con las monedas que tiran los ociosos turistas, podrían haberla limpiado antes de rodar. Allí voy, mi texto es fácil, Marcello, Marcello, Marcello… sólo tengo que repetir la palabra en el mismo tono que utilicé ayer por la noche en el hotel. Lo haré bien, aunque no creo que esta escena me proporcione mucha fama. Mi nombre es Anita Ekberg, voy a bañarme en una fuente por exigencias del guión y hace un frío del carajo.
**relato totalmente inventado sobre unos hechos totalmente reales**
Anita Ekberg en "La Doce Vita"
© 2009 Alma




