La tibia pereza asciende por mi nuca y se enrosca como una gargantilla en el cuello de mis ganas, apretando con tanta fuerza que no sale la voz de mis versos. Denostada vanidad, te imploro para que acudas a mi reclamo. Necesito de ti para emprender el camino del ausente poema, para que recojas las palabras que bailotean desnudas en el alfeizar de mi ventana y que la desidia me impide cazar. Enfréntate a mi pereza, sedúcela, fóllala, noquéala, mantenla apartada el tiempo necesario para que pueda escribir algo digno de ser leído y pagar el tributo que te debo. © 2009 Alma


pereza versus vanidad




